La ceremonia del té (I)

La ceremonia del té japonesa (cha-no-yu, chadou, o sadou) es una forma ritual de preparar té verde, influenciada por el budismo zen, que se sirve a un pequeño grupo de invitados en un entorno tranquilo.

Cha-no-yu (literalmente “agua caliente para el té”) se refiere usualmente a una ceremonia individual, mientras que sadou o chadou (”el camino del té”) se refiere al estudio o doctrina de la ceremonia del té.

Ceremonia del té

Dado que quien realice la ceremonia debe estar familiarizado con la producción y los tipos de té, además del kimono, la caligrafía, el arreglo floral, la cerámica, incienso y un amplio abanico de otras disciplinas y artes tradicionales, además de las prácticas de la ceremonia, el estudio de las mismas toma muchos años, a menudo una vida completa. Incluso para participar como invitado en una ceremonia del té formal se requieren conocimientos de los gestos y posturas adecuados y las frases que se esperan, la manera apropiada de tomar el té y los dulces y la conducta general en la sala del té. Estar presente en una ceremonia del té como invitado es todo un honor.

El té fue introducido en Japón durante el siglo IX por los monjes budistas de China, donde se conocía, según la leyenda, desde hacía milenios. El té se hizo rápidamente popular en Japón y se comenzó a cultivar localmente.

La costumbre de beber té, primero como bebida medicinal y luego simplemente por placer se hallaba ya extendida ampliamente en China.

La ceremonia del té evolucionó a una “práctica transformativa” y comenzó a desarrollar su propia estética, en particular el wabi. Wabi (quietud, refinamiento sobrio, gusto sometido) es caracterizado por la humildad, moderación, simplicidad, naturalidad, profundidad, imperfección, y simples objetos y arquitectura, sin adornos, enfatizadamente asimétricos, y la celebración de la belleza suave que el tiempo y el cuidado imparten a los materiales.

Para el siglo XVI, el té se había extendido a todos los niveles de la sociedad japonesa. Sen no Rikyu, quizás la más conocida y respetada figura histórica en la ceremonia del té, introdujo el concepto de ichi-go ichi-e (literalmente, “un encuentro, una oportunidad”), una creencia de que cada encuentro debería ser atesorado ya que no podría volver a repetirse. Los principios que asentó: armonía, respeto, pureza y tranquilidad son, todavía, el centro de la ceremonia del té.

Ceremonia del té

Esta ceremonia tiene una finalidad, que expresada dentro del budismo zen buscaba la purificación del alma mediante su unión con la naturaleza, creando una ceremonia donde su verdadera belleza reside en la sencillez y la simplicidad; sus estrictas normas de etiqueta que parecen complicadas y difíciles a primera vista, están calculadas de hecho para conseguir la mayor economía posible de movimientos y son un regalo para la vista del iniciado, sobre todo cuando el que las lleva a cabo es un maestro experimentado.

Más información en: La ceremonia del té (II), Las fases de la ceremonia del té

4 Responses to “La ceremonia del té (I)”

  1. Tatami « Sugoi! Says:

    […] Las alfombras tatami son asociadas con ritos religiosos japoneses como la ceremonia del té. […]

  2. Jardines japoneses « Sugoi! Says:

    […] Al periodo Muromachi (1333-1568) se le ha denominado la edad de oro de los jardines japoneses. Grupos de artesanos especializados realizaban su labor y unos nuevos jardines sin agua, compuestos de piedras y arena, fueron creados bajo la influencia de la doctrina budista zen. La ceremonia del té ponía el acento en una espiritualidad estática que se reflejaba en el jardín de té a través del cual había que pasar para dirigirse a la casa de té. Algunas de las contribuciones de los jardines de té al aspecto de los actuales jardines japoneses son los característicos vados de piedra, linternas de piedra y bosquecillos de árboles, así como las fuentes de piedra y los miradores para los invitados a quienes se ofrecía té. […]

  3. Sugoi! » Blog Archive » Mil grullas - Yasunari Kawabata Says:

    […] En la ciudad de Kamakura, una mujer que oculta una mancha en uno de sus pechos manipula los preciosos objetos de un rito que trasvasarán, como fantasmas, el peso del erotismo de una generación a otra. Así, un joven hereda las obsesiones amorosas de su padre, experto en la ceremonia del té. Mil grullas en vuelo aparecen a lo largo del relato como misterioso auspicio. […]

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